lunes, 30 de junio de 2008

La más bella aventura

Waterpolo Zaragoza puede tomar el camino a Primera División si su junta directiva anuncia hoy que renuncia a jugar en la máxima categoría. Un proyecto de siete años en la elite que empieza a escribirse hace veinte años en el Estadio Miralbueno El Olivar.



Helios abandonó su aventura en la categoría reina del waterpolo nacional en 1977. Tuvo que pasar un cuarto de siglo para que otro equipo de la ciudad, El Olivar, reiniciara el romance de Zaragoza con la elite. Fue el 7 de abril de 2001, ante el Larraina en Pamplona. Una noche eternamente recordada. Hay otra fecha que pasará a la historia del deporte aragonés, pero por la rabia que produce solo anunciarla: 30 de junio de 2008. Hoy, un equipo de máxima categoría, el Pla-Za, pierde su estatus; dice adiós al escenario de sus sueños, el Parque Deportivo Ebro, al que dio el salto desde El Olivar para madurar, donde se hizo grande ahogando a rivales que se paseaban por Europa, como el Barcelona o el Sabadell. Hoy Pla-Za, el mejor patrocinador que dio nombre a un equipo que se hizo grande desde otro gran club, se despide como firma que puso su apellido a Waterpolo Zaragoza que, salvo mayúscula sorpresa, firmará su renuncia a la División de Honor. Una decisión tomada en el despacho que gestiona su cabeza visible, José Pajares, rodeado de sus colaboradores, Augusto Ariño, Valero Echegoyen, Emilio Biel y Fernando Rausell. Ellos han dado la puntilla definitiva a un proyecto que tiene una historia de más de 20 años.

"Hicimos realidad uno de los sueños más bonitos de nuestras vidas", recuerda el ex jugador Ibán Martín. El éxito no fue fruto de la casualidad, sino del trabajo de un colectivo que tenía una tremenda ilusión y un gran apoyo social. El equipo de waterpolo del Estadio Miralbueno El Olivar tuvo que promocionar en dos ocasiones con el Poble Nou: la primera, perdida por inferioridad numérica; la segunda, por el capricho arbitral. Pero este último pellizco de mala suerte activó la carrera triunfal hacia la entonces denominada A-1. Manuel Hernández, presidente del club, y Manuel Bollullos, delegado de Deportes, sentaron las bases de un proyecto ganador para la temporada 2000-01, con Pepe Alcázar en el banquillo, al que le acompañaba como segundo Paco Gil. Y Mario Sanz, Esteban Fumanal, Alfonso Marqués, Nacho Fernández, Diego Fumanal, David Martín, Ibán Martín, Edgar Manzano, Luis Fernández, Roberto Barrachina..., hombres de la casa que enriquecían la estructura. Sin embargo, el ascenso requería un plus más: los norteamericanos Mosses Merril y Jack Kocur y el japonés Tanaka cambiaron la cara del equipo. Un esfuerzo para la arcas de un club social que mereció la pena. "Los dos primeros años fueron preciosos, un equipo integrado un 60% por gente de casa, supermotivado, hermanado...", relata Martín. "El problema es que a la gente de aquí no se le ha hecho partícipe del proyecto. Todo el esfuerzo humano, económico... Había una bonita historia y se la han fundido de un plumazo", critica.

Esta es la herencia que recogió el nuevo entrenador, Emilio Bautista, que había trabajado en el Canoe junto al zaragozano Santi Fernández. 3 de noviembre de 2001. 18.00 horas. Piscina Pau Negre de Barcelona. Catalunya-El Olivar. ¡Menudo estreno! El conjunto zaragozano se merendó a un rival de Champions (8-9). Fue el arranque de una temporada histórica, en la que se logró la clasificación para la Copa del Rey y el "play off" al título. "Es decepcionante la situación, pero no me sorprende. Cuando me fui, se vislumbraba este final. La nueva directiva solo buscaba protagonismo; nunca se dejó aconsejar por nadie y destrozaron a los jugadores con su actitud", censura Bautista, que se marchó al terminar la campaña 2004-05.


La fractura, en 2004


La fractura se hizo evidente cuando la junta de El Olivar, ante la imposibilidad de compaginar el deporte de elite y su compromiso con los socios, decide en 2004 desprenderse del equipo, que ya llevaba el apellido de un potente mecenas, Pla-Za. "No fuimos capaces de crear una ilusión colectiva de todos los clubes. Una base que en estos siete años en División de Honor habría enriquecido una afición y el número de licencias. El relevo fue peor: ha roto los pocos lazos que había y ha terminado por desilusionar al apasionado del waterpolo", reconoce el entonces presidente de El Olivar, Manuel Hernández.

Al frente del nuevo proyecto, José Pajares y sus compañeros de viaje que hablaban el 6 de octubre de 2005 de "conseguir que el equipo se convierta en el referente del waterpolo nacional, formado con jugadores de la casa y con otros que aporten conocimientos para crecer". Llegó un zaragozano al banquillo, Ignacio Lobera, superado por su inexperiencia. "El poso que han dejado es muy malo. El problema es la falta de una filosofía. Se tendría que haber enganchado a la ciudad, sumar, y ha restado a pasos agigantados. Quizás las instituciones tendrían que haber llamado la atención a un grupo que malgestionó los intereses de un deporte, cuando se dan subvenciones y se mira a otro lado...", reflexiona Santi Fernández, el hombre que dio forma al sueño de El Olivar. Su hermano, Nacho, intentó, junto con el ex olímpico Gaby Hernández, tender la mano a los actuales dirigentes. "Si había alguna oportunidad de salvarlo ahí estábamos dos locos, que tratamos de que el proyecto no muriera por respeto a la historia de este equipo, que no es de siete años sino de más de veinte. No han querido. Simplemente se marcaron una fecha límite y poner la puntilla definitiva", remata el gran capitán.

Se espera que José Pajares anuncie hoy que se renuncia a jugar en División de Honor. Además, si no se renueva la licencia federativa (el trámite arranca el 1 de septiembre de cada temporada) el club pierde la categoría y bajaría directamente a Tercera. El epílogo a un bonito sueño.

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